Momentos en los que no es de noche ni día,la luz lucha contra la tiniebla,el sueño se hace inquieto, los enfermos graves se debaten entre la vida y la muerte,y en el aire se detecta un soplo de miedo primigenio. Esa hora tiene algo de inquietante, indefinible y turbador,sobre todo cuando es preciso luchar para no dejarse vencer por el sueño y el peso de la larga vigilia cubre la mente con un manto de irrealidad;
todo parece posible,hasta lo imposible; desaparecen los rumores nocturnos y la oscuridad deja de ser física para convertirse en un estado del alma.
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